Array ( [0] => stdClass Object ( [id] => 1 [nombre] => concejo deliberante [imagen] => consejodeliberante.jpg [url] => http://www.concejocomodoro.gob.ar [ordinal] => 1 [visible] => 1 [seccion] => detalle ) [1] => stdClass Object ( [id] => 2 [nombre] => Casino de suboficiales [imagen] => casino.gif [url] => http://www.facebook.com/futuro.prosperidad.9 [ordinal] => 2 [visible] => 1 [seccion] => detalle ) [2] => stdClass Object ( [id] => 6 [nombre] => Sovier [imagen] => sovier.jpg [url] => [ordinal] => 3 [visible] => 1 [seccion] => detalle ) [3] => stdClass Object ( [id] => 3 [nombre] => Draw [imagen] => banner-escueladepool.jpeg [url] => [ordinal] => 4 [visible] => 1 [seccion] => detalle ) [4] => stdClass Object ( [id] => 4 [nombre] => El obrero [imagen] => banner-elobrero.jpg [url] => https://www.muebleselobrero.com [ordinal] => 4 [visible] => 0 [seccion] => detalle ) [5] => stdClass Object ( [id] => 5 [nombre] => Banner Medicina Laser [imagen] => banner-medicina-estetica.jpg [url] => [ordinal] => 5 [visible] => 0 [seccion] => detalle ) )

Con Sello Patagónico | HISTORIAS DE VIDA | Lunes 06 de enero de 2020
Third slide

La guardavida que se enamoró del mar comodorense

Esta es la historia de Ana Laura Saldaño, la guardavida rosarina que entre brazadas y patadas encontró en Comodoro Rivadavia su lugar en el mundo. Después de vigilar durante cuatro años las costas locales, “Anita” decidió quedarse definitivamente en la ciudad patagónica.


“Mirá lo que es este lugar” señala cada vez que se acerca a orillas del mar para comenzar con su función de guardavida. La historia suele repetirse detrás de cada hombre o mujer de rojo. Los guardavidas llegan al puesto a través de múltiples motivaciones personales y más allá de sus diferentes orígenes todos se mancomunan en las playas.

A veces son surfistas; las olas y la tabla los llevan naturalmente a ser rescatistas de playa, y oficializan los impulsos amateurs con un puesto oficial de guardavidas. En otras ocasiones, como es el caso de Ana, la llegada se propicia a través del nado y la pasión por el mar.

Ana Laura Saldaño es una profesora de educación física y guardavidas que entre brazadas y patadas encontró en Comodoro Rivadavia su lugar en el mundo, lugar en el que se siente valorada y respetada por gente del entorno y los propios comodorenses. Ana proviene de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, es egresada del Instituto N°11 Mariano Grandoli como profesora de educación física,  también se graduó como guardavidas en Cruz Roja Argentina, se encuentra cursando la carrera de medicina y confiesa que le gusta mucho leer, estudiar y relacionarse con todo lo que le puede servir al momento de hacer un rescate. Con su libro de RCP y primeros auxilios se traslada de la pieza al comedor mientras calienta el agua para unos mates.

En este año 2020 se cumplen cuatro temporadas de su labor constante en nuestra costa local. Cada mes de noviembre, cuando los convocados eran recibidos en Comodoro, Ana, al igual que varios de sus compañeros de afuera eran alojados por cuatro meses en lo que ellos apodan “La Game”, el albergue municipal para deportistas. Hoy después de un año, Ana pertenece al mismo grupo de guardavidas, pero cuenta con su propio hogar, una motivación más para ser parte de la ciudad patagónica.

 Al preguntarle qué es lo que la condujo a instalarse lejos de su familia, cambiando la dulzura y la calidez de las aguas del Río Paraná por la fría y salada agua marina de Comodoro, Ana contesta de manera segura: “Me enamoré del mar comodorense, mirá lo que es este lugar, es un regalo de la naturaleza que pocos aprovechan”. Para Ana, la vocación es innata; aparece de golpe e inunda a la persona con la certeza de que eso es lo que hay que hacer. Vengan de donde vengan, todos ellos quedan conectados cuando se cruza en su camino un compromiso común e indispensable para el desarrollo de su labor: el servicio. “No hay guardavismo sin servicio”.  Anita, apodada así por la mayoría de sus compañeros, expresa que su grupo de Caleta Cordova es “un conjunto de actitudes”, cada cual aporta sus conocimientos y con la actitud personal de cada uno, forman un gran grupo humano y de trabajo.

Ana Laura Saldaño es una de las pocas mujeres guardavidas que quedaron trabajando en la ciudad, en una profesión donde el estereotipo vuelve a instalarse cada verano en las diferentes playas, en las que se espera que el profesional esté rodeado de pretendientes hipnotizados por sus atributos físicos. Culturalmente el mar estuvo siempre dominado por los hombres. Lejos de esto, la rosarina fue imponiendo carácter a lo largo de sus temporadas y exige respeto cada vez que algo no le gusta durante sus horas de trabajo. Rodeada de compañeros varones, Ana, es generalmente  quien se destaca en el equipo por su profesionalización, y compromiso con el Servicio de Guardavidas de Comodoro Rivadavia. Casi siempre es quien impulsa el ejercicio físico a pesar de que el sol pegue con fuerza en las diferentes playas, siempre se la puede observar corriendo, levantando fierros, o haciendo gimnasia, combinando sus dos grandes pasiones, la de guardavida con el atletismo.

Con su voz firme, y sin dejar de mirar el mar un segundo, Ana confirma que el mejor guardavidas es quien hace prevenciones todo el tiempo, buscando reducir la cantidad de rescates. Ella, opta por concientizar y educar, a los niños, a sus padres o a todo aquel que demuestre estar en peligro antes que ser la heroína de un rescate que muchas veces termina en tragedia.

La egresada de la Cruz Roja tiene como desafío una vez más vigilar la costa de Caleta Córdova, una playa poco asistida pero con zonas de peligro. “Me gustaría que se muestre el trabajo de mis compañeros y de los que están en playas alejadas a costanera, muchas veces hacemos prevenciones y rescates y nadie se entera”.

Si lo pensamos en retrospectiva, muchos años debieron transcurrir hasta comenzar a resquebrajar el estereotipo clásico impulsado por la serie del estilo “Baywatch” en el que el mar y los mangrullos fueron siempre dominados por hombres. Ana Laura, acumula experiencia como guardavida en diferentes costas y también en su actual trabajo en la pileta del Club Acuariaum. La rescatista vestida de rojo lleva la profesión a flor de piel, quienes la conocen confiesan que ni si quiera la deja de lado cuando se acerca al mar a disfrutar de un domingo, de un feriado o un franco acompañada por un mate. El mar será siempre su lugar elegido, y la costa comodorense quedará graba por siempre en lo más recóndito de su corazón.

 

¿Qué te pareció esta información?

16%
80%
1%
 
 
1%