Con Sello Patagónico | SOY PATAGONICO | Domingo 24 de noviembre de 2019
Third slide

Luces verdes, blancas y azules sobre el Lago Musters, ¿ovnis?

A unos 15 kilómetros al interior del lago aparecieron las luces que por un rato fueron compañeras de un conocido escritor patagónico junto a compañeros de caminatas. La experiencia que resulta poco frecuente y por momentos fantásticas no es novedad en los cielos patagónicas, junto a este relató otras decenas de experiencias similares fueron compartidas. Leé el relato completo de los testigos del las luces del Lago.


Foto: Gustavo Gonzalez

Alejandro Aguado es historiador y conoce como nadie los rincones de la Patagonia a la que refleja con colores únicos a través de los personajes y paisajes que reúnen sus escritos. A través de la red social compartió una experiencia única que pudo vivir junto a dos amigos al bordear el Lago Musters.

“Era de noche, regresábamos cansados pero satisfechos de haber ascendido el cerro Ciarlotti, en inmediaciones del paraje Los Tamariscos. Terminábamos de atravesar la sierra de San Bernardo y costeábamos la margen oeste del lago Musters, en el centro sur de Chubut. Con Gustavo conversábamos acerca de los personajes fantásticos que rescaté para mi libro “Patagonia fantástica”. A un costado, a 10 o 15 kilómetros hacia el interior del lago y a unos 50 metros de altura, alcancé a ver una luz verde de gran tamaño que se achicó hasta desaparecer. Lo comenté y les pedí  a Gustavo y a Hugo  que observaran. Al ir manejando debía concentrarme en la ruta, que en ese tramo estaba con la cinta asfáltica muy deteriorada. Cuando nos pudimos detener en la banquina, frente a la costa sur del lago, las luces eran cinco: verdes, blancas y azules. Mientras algunas se mantenían suspendidas en el aire en un punto fijo, otras aparecían o desaparecían, como si las apagaran o prendieran accionando un interruptor. Dos o tres se desprendieron de otras y se alinearon a su lado. Entre tanto, a nuestro lado pasaban algunos vehículos sin prestar atención a lo que sucedía. Ni bien estacionamos, intenté registrar el fenómeno tomando fotos o filmando con una cámara de alta definición. Pero cada vez que les apuntaba, el visor se ponía completamente negro. Al no poder cumplir con el propósito, cambié la cámara por un celular, pero con igual resultado. Gustavo bajó de la camioneta para intentar fotografiarlas con su celular. En ese momento, una de las luces se desacopló de otra y en segundos estuvo sobre nosotros, triplicando su tamaño. Con Hugo exclamamos: “¡Se nos viene encima!” Bajé de la camioneta para avisarle a Gustavo que nos íbamos. En plena noche, en un descampado y en presencia de tal fenómeno, no sabíamos qué podía suceder. Uno se siente expuesto, indefenso. Al retornar a la cabina Hugo me indicó que mirara hacia su lado: cerca nuestro, a baja altura, se encontraban suspendidas en el aire otras dos luces de color rojo. Concentrados en las que estaban sobre el lago, no nos habíamos dado cuenta de las que nos acompañaban a pocos metros de distancia. 

Seguimos viaje hasta una de las estaciones de servicio de Colonia Sarmiento. Allí permanecimos un tiempo, para asimilar el impacto de lo presenciado. Probé el funcionamiento de la cámara apuntando hacia lugares en penumbras y los captaba con nitidez.  Funcionaba bien. Tras deliberar  sobre qué hacer, ya que quería regresar para volver a intentar filmarlas, se impuso la opción de seguir hacia Comodoro. Al regresar a la ruta, la intuición me hizo comentar: “Seguro que más adelante las volvemos a encontrar”. Viajábamos en silencio, observando el paisaje en penumbras, interrumpido por reconocibles luces de viviendas, algunos vehículos y lejanas instalaciones petroleras. Cuando se recorrió ese tramo de ruta infinidad de veces, todo resulta reconocible. 20 kilómetros después, en la zona de chacras vecinas a la vieja estación de ferrocarril de Colhue Huapi, tras la silueta en penumbras de una cortina de álamos detecté otra de las luces. Al momento de detenernos eran tres, dispuestas en línea recta. En un parpadeo aparecían junto a la sierra de San Bernardo (a 28 km de distancia) y en otro parpadeo reaparecían junto a los álamos. Como en el lago, unas se desprendían de otras. Las 11 que habíamos visto hasta entonces se movilizaban en torno al agua: el cauce del río Senguer y chacras que se riegan por inundación, y el lago Musters. Con la cámara la situación era la misma que al principio, parecía que algo impedía fotografiarlas o filmarlas. Para verificar si era una falla de las cámaras, apuntaba a la distancia a unas torres de petróleo iluminadas y las captaba con nitidez. Pero al girar hacia las luces la pantalla se volvía a oscurecer. Mientras se lo mostraba a Hugo, Gustavo comentó desde el asiento trasero: “Les pude tomar fotos!!” En dos se veían apenas dos puntitos luminosos en la noche, pero en una tercera se veía que una se desprendía de otra que parecía tener una forma similar a herradura. Nos podíamos dar por satisfechos, al menos contábamos con imágenes que nos recordarían lo vivido. Eran pruebas, antes que nada, para nosotros mismos. Que no fue una fantasía producto de la imaginación, que no era algo que podríamos olvidar negando lo que vimos, sepultándolo en algún lugar de la memoria. Éramos tres lo que compartíamos la experiencia.

Se suelen escuchar muchas historias sobre vivencias similares, pero protagonizarlas resulta un tanto perturbador. Se suele entender a esas apariciones como algo de la ficción, propia de la televisión o el cine. Al relatarlo y compartir las fotos de forma privada, fueron muchos los que coincidieron en ser testigos de experiencias similares en la zona. También hubo quien comentó que no mucho tiempo atrás, habitantes de Sarmiento acostumbraban ir a pasear al lago en coincidencia con la fecha que las vimos, para observar las luces que solían sobrevolarlo”.

Compartí la noticia

¿Qué te pareció esta información?

51%
17%
3%
24%
3%