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Con Sello Patagónico | INFORME CSP | Miércoles 06 de mayo de 2020
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¿Sobrevivirá La Saladita a la cuarentena?: familias enteras perdieron su único ingreso

Los puntos neurálgicos del comercio en la ciudad abrieron sus puertas, sin embargo, el comercio informal del cual vivían miles de familias vendedoras y consumidoras en la ciudad no tiene fecha de retorno.


Foto: CSP

Sólo en el barrio Quirno Costa decenas de familias trabajan alrededor del funcionamiento de “La Saladita” y sobreviven con muy poco por estos días de cuarentena. Si bien recibieron ayuda alimentaria, la necesidad es más amplia y piden la reapertura de la feria: “priorizamos la salud, pero necesitamos vivir”.

La feria emplazada en el final de la avenida Rivadavia es un multitudinario conglomerado comercial que hace más de una década funciona en el sector oeste de Comodoro Rivadavia. Allí confluyen los barrios Quirno Costa, San Martín, Máxima Abásolo y San Cayetano, y es donde miles de personas encontraron la oportunidad para ganarse “el pan de cada día”.

El sábado 21 de marzo fue el último día que “La Saladita” estuvo abierta al público. Ese paseo callejero de aromas, colores y sonidos únicos era el punto de venta de una infinita cantidad de artículos, productos y servicios que la comunidad hizo propia.

El circuito comercial no sólo beneficiaba a los manteros, feriantes y verduleros, sino que también a un grupo de vecinos que ofrecían el alquiler de energía, baños y agua caliente para también tener sus ingresos. Ya transcurrieron 48 días y miles de humildes familias se quedaron sin su sustento económico.

Con Sello Patagónico recorrió la desierta feria que sólo contemplan los perros del sector, los cuales permanecen horas echados en la quietud del desolado predio. Los solitarios esqueletos de los puestos cada vez son menos, debido a que muchos feriantes ya los retiraron por miedo a que los roben.

Luisa Rojas es una de las tantas feriantes que por estos días no puede ejercer su actividad. “Yo vendía menúes para la gente que trabaja en la Saladita: en el verano trabajo con helado y en el invierno vendo café, chocolatada, torta fritas y cosas dulces”, describió. 

La vecina del barrio Quirno Costa contó: “empecé de mantera, vendía ropa que me regalaban, después puse una mesita y vendía gaseosas, golosinas y por ahí hacía algunas pizzas o empanadas”.

En tiempos de pandemia y crisis económica “hay personas con muchos niños, el primer mes (de la cuarentena) no llegamos con una caja de alimentos y verduras; y yo con lo poco que voy juntando me arreglo”, dimensionó.

Además de la venta, la mujer reveló; “le pasamos la energía a las personas que se quieren enganchar con los cables porque mucha gente trae heladeras. Los feriantes buscaban un baño e hice uno para alquilar a mujeres, después tuve que hacer otro para varones. Con eso podía juntar para pagar los impuestos y reponer la mercadería que vendía”.

“NECESITAMOS VIVIR”

La plaza vacía “me da mucha tristeza y más ahora que empezaron a sacar los puestos. Con el calor o frío acá se sufre, es un trabajo agotador; estar en el invierno crudo con el frío no se lo deseo a nadie”, reflexionó Luisa.

Griselda Mansilla tiene 74 años y ayudada por su bastón sale todos los días “un ratito a caminar” por la plaza porque padece problemas de cadera. La mujer alquilaba su baño y vendía agua caliente para que no le falte el mate de los feriantes.

“Gracias a la gente que viene a La Saladita yo tenía para comprar mis cosas y ahora no, encima me sacaron la jubilación. Hoy en día no tengo nada”, lamentó la anciana y pidió que “trabaje la gente porque así yo tendría una moneda para ganar, para poder comprar mis remedios”.  

Daniela Rojas es madre de dos niños que está preocupada por la situación económica que atraviesa. Su único ingreso hoy es la Asignación Universal por Hijo. "Soy mantera, vendo cosas dulces y trato de rebuscármela para poder pagar la luz, comprar los alimentos y la educación para mis hijos. Cada vez suben más las cosas y no llego al mes. Trato de juntar la plata y no me alcanza”.

"Estamos tratando de organizarnos para cumplir con los protocolos que nos ponga la Municipalidad para que podamos trabajar y así darle sustento a nuestros hogares. Ojalá, así como abrieron los comercios, nos ayuden a nosotros a abrir acá. Priorizamos la salud, pero necesitamos vivir”, concluyó la joven. 

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