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Con Sello Patagónico | FUTBOL | Domingo 05 de abril de 2020
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Patagonia 1942, el mito del Mundial olvidado por la historia

Nueve invitados, una final de dos días y un monarca inédito que jamás ha intervenido en uno oficial. El falso documental 'El mundial olvidado' inventa un campeonato de fútbol en 1942 en Patagonia. El partido quedó en manos de los mapuches.


No hubo Mundial de Fútbol en 1942. Eso dicen los volúmenes de historia. Cosas de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, la leyenda, la que el escritor argentino Osvaldo Soriano fabula en El hijo de Butch Cassidy, arranca así: “El Mundial de 1942 no figura en ningún libro de historia, pero se jugó en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas y en la final ocurrieron cosas tan extrañas como que se jugó sin descanso durante un día y una noche, los arcos y la pelota desaparecieron y el temerario hijo de Butch Cassidy despojó a Italia de todos sus títulos”.

Entre 1939 y 1949, es decir, una década, el esférico no giró. No se celebró Copa del Mundo alguna de manera formal debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. O eso es lo que se nos ha dicho una y otra vez. Eso hasta que alguien más tuvo algo que añadir: sí hubo y se llevó a cabo en 1942, en la lejana Patagonia.

O esa al menos era la 'versión' de Osvaldo Soriano. Dentro del libro Memorias del Míster Peregrino Fernández y Otros Relatos de Fútbol, el periodista y escritor publicó un cuento denominado El hijo de Butch Cassidy; basado en una carta mandada por su tío Casimiro. Este último supuestamente estuvo ahí, en Tierra del Fuego, para presenciar una serie de eventos que distarían de lo que actualmente conocemos como un Mundial.

Se realizó hipotéticamente en la entonces neutral Argentina, país que sí alzó la mano junto a Alemania en los años previos a Francia 1938 para postularse. En teoría, de acuerdo con la rotación de continentes, el siguiente tenía que jugarse en América. Sin embargo, la FIFA decidió que ningún estado era lo suficientemente seguro para albergar un torneo así y menos en tiempos de conflicto bélico. Además, muchos futbolistas de la época se alistaron en los ejércitos.

 La mayoría de los futbolistas profesionales estaba en la guerra, así que los equipos fueron formados por los ingenieros alemanes, los lugareños y otros obreros que eran de diferentes países. Había suficiente variedad para representar a Francia, Chile, Argentina, Inglaterra, Polonia, Italia, España e incluso a mapuches y guaraníes. El cuadro se formó así, con ocho equipos.

El césped se cortaba a machetazos en campos de cien metros, no había redes y las eliminatorias fueron de lo más surrealistas. Los alemanes saltaron al campo con cascos y alfileres; los italianos, con pimienta para echársela en los ojos a sus oponentes. El árbitro ni se daba cuenta.

"El Mundial de la Patagonia será recordado dentro de cien años como el evento deportivo más importante del Siglo XX. Será la única manifestación capaz de parar la guerra. Aquellos que ahora se ríen de mí, leerán mi nombre en las páginas de los diarios de todo el mundo", repetía el conde cada que iba por las calles buscando reclutar a personas.

No hay que olvidar que esta leyenda comparte similitudes con otra similar: la de lo más cercano a un amistoso entre selecciones del Eje y los Aliados que se festejó bajo el contexto de la 2º Guerra Mundial, concretamente en junio del 42.

Un grupo de mapuches contra la Alemania de Adolf Hitler fue la final. El encuentro estuvo a punto de suspenderse por las condiciones del tiempo, pero acabó solventándose con un 1-0 para los amerindios. Mito o realidad, todo lo decidió una llamada del canciller para comprobar que la raza aria había superado a las demás en fútbol, que despistó a sus jugadores y propició su derrota. 


"El Mundial de la Patagonia debe tener un valor y esto, sea ficticio o no, es importante para el fútbol". Si lo dijo Joao Havelange, mandatario de la FIFA de 1974 a 1998, algo, al menos una fracción de la narración, habrá que creerle a Soriano, Casimiro, Cassidy y compañía.

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